Por qué fracasan las dietas

Por qué fracasan las dietas – el fallo del enfoque de la reducción calórica.

El enfoque clásico para adelgazar pasa por contar calorías, es decir: si las calorías que entran son más que las que salen, ganarás peso. Si las calorías que entran son menos que las que salen, perderás peso.

Esto no es más que una simplificación que de hecho no es verdad. Éstas son las razones principales:

  • Las calorías que entran y las que salen no son independientes entre sí, sino más bien todo lo contrario: la reducción de la ingesta calórica implica una disminución del metabolismo basal casi equivalente. Es decir el gasto calórico se reduce y por tanto la pérdida de peso es mínima.
  • La tasa metabólica basal (gasto de calorías que consume el cuerpo para realizar sus funciones) no es estable, sino que depende de diferentes factores como por ejemplo el total de calorías ingeridas mencionado antes.
  • No es tan sencillo controlar las calorías que ingerimos, ya que tanto el hambre como la saciedad están reguladas hormonalmente, a través de hormonas como la leptina, adiponectina, lipasa sensible a las hormonas, lipoproteinlipasa y lipasa de los triglicéridos adiposos.
  • No todas las calorías son iguales, una caloría procedente del aceite de oliva provoca una respuesta metabólica en nuestro organismo radicalmente diferente a una caloría procedente del azúcar: el azúcar aumenta los niveles de glucosa en sangre lo que provoca una importante respuesta insulínica; el aceite de oliva no. En general, las proteínas, las grasas y los carbohidratos proporcionan energía al cuerpo por medio de calorías, pero el procesamiento metabólico del que son objeto es completamente diferente, lo que da como resultado diferentes estímulos hormonales en el cuerpo.

La obesidad no es un problema derivado de la alta ingesta de calorías, sino que mayoritariamente se trata de un problema metabólico.

Para empezar, el enfoque basado en las calorías presupone que tenemos el control absoluto sobre las calorías ingeridas. Pero esto tampoco es exactamente así, por el fenómeno de homeostasis u adaptación al cambio. El organismo se ajusta en función de los cambios del entorno para volver a su estado original.

Esto es lo que sucede cuando reducimos las calorías ingeridas:

  1. El cuerpo reduce drásticamente el gasto energético total.
  2. Se incrementan las señales hormonales que estimulan el hambre, favoreciendo la secreción de hormonas como la grelina (estimulante del hambre) y disminuyendo la secreción de las hormonas que estimulan la saciedad, como el péptido YY, amilina o colecistoquinina. Estos cambios hormonales se producen inmediatamente y persisten de forma casi indefinida durante la reducción calórica.

Ambos factores actuando al unísono provocan que cuando estamos a dieta y reducimos las calorías ingeridas sintamos muchos deseos de comer, nos obsesionemos con la comida y hasta soñemos con alimentos. Este comportamiento no es ni un problema de gula ni de falta de voluntad, sino la respuesta hormonal esperable de nuestro cuerpo.

Esta situación genera un círculo vicioso del que es muy difícil salir:

Comemos menos y perdemos algo de peso. Entonces, nuestro metabolismo se ralentiza y sentimos más hambre. Empezamos a recuperar el peso perdido. Redoblamos nuestros esfuerzos y comemos aún menos. Perdemos un poco más de peso, pero de nuevo el gasto energético total disminuye y el hambre aumenta. Volvemos a ganar peso…

Este ciclo continúa indefinidamente hasta que se hace intolerable. Nos encontramos muy cansados, hambrientos, deprimidos, tenemos frío y obsesión por la comida.

Así, en algún momento volvemos a nuestro anterior estilo de alimentación. Pero ahora nuestro metabolismo se ha ralentizado tanto que nuestra antigua dieta hace que ganemos peso con rapidez, no sólo recuperando rápidamente todo el peso ganado con esfuerzo, sino un poco más. Sentimos que hemos fracasado. Nuestro médico, nuestros amigos, nuestros familiares, la sociedad nos acusa en silencio: no tenemos fuerza de voluntad, no nos sabemos controlar, comemos demasiado.

Por supuesto esto no es así. El problema es el enfoque de la dieta: la reducción calórica no es la solución.